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La perfumería desde la mente de un químico

Nos ha parecido muy interesante este extracto sobre cómo la mente de un químico perfumista entiende el mundo de los olores...

"No cabe duda de que los olores, o mejor dicho, aquello que nos transmiten, son un elemento determinante para decidirnos a comprar un producto de belleza. ¿Pero, hasta qué punto un olor es capaz de influirnos en nuestro comportamiento de compra?

Depende en gran parte de la funcionalidad del producto. En los perfumes alcohólicos, el aroma manda, tanto el envase como el empaquetado del producto son elegidos para sacar el máximo partido posible de la esencia y preservarla en el mejor estado el mayor tiempo posible.

En el resto de productos, ya sean jabones, detergentes, champús, productos de limpieza del hogar, cremas hidratantes…la bondad de las propiedades curativas está por encima de la calidad del perfume.

A la hora de hablar de la funcionalidad de los olores debemos tener en cuenta consideraciones estéticas, como la de enmascarar los olores desagradables de los ácidos grasos y sus derivados en las lociones frescas, depilatorias, el olor a acre de los agentes activos en limpiacristales y quitaesmaltes… los olores grasos por ejemplo se ocultan bien en un contexto de notas cítricas, especialmente las de naranja. No es casualidad que el aceite de hígado de bacalao, administrado a los niños en el pasado como fuente de vitaminas solubles en grasa, fuera comúnmente aromatizado con naranja, ni que los aceites cítricos sean componentes principales de Eau de Cologne utilizada para enmascarar los olores de sudor.

Pero no solo se pretender enmascarar los olores fuertes o desagradables sino agradar, la principal razón por la que se perfuma un producto funcional es con el objetivo de que resulte más agradable para el consumidor. Un aroma agradable es parecido a una sonrisa, establece un contacto más cercano con el consumidor. Al igual que en las relaciones personales, existen distintas fases en el encuentro entre el consumidor y el producto. Pongamos un ejemplo:

1. Cuando compramos un gel, el comprador experimenta una sensación inmediata de olor como una cierta sensación de anticipación sobre el posible comportamiento del olor del producto al ser utilizado en la ducha.

2. En una segunda fase, el usuario espera sentir el aroma invadiendo el cuarto de baño por completo.

3. Finalmente, dependiendo del mercado al que vaya el producto y el marketing escogido, el consumidor esperara recibir un aroma perceptible, característico y leve del producto en su piel.

Este ejemplo nos sirve para demostrar que, en los productos funcionales, las notas altas y bajas de un producto no forman un continuo necesario. En un detergente de lavavajillas, lo que cuenta es la nota alta, es decir, no debe quedar una vez utilizado, ningún rastro de olor sobre el plato. En cambio, en un suavizante, el olor remanente es indispensable, y en un ambientador, las notas altas, bajas y medias del olor deben ser muy parecidas entre sí, tanto en carácter como en intensidad.

Es decir, el perfumista debe conocer las expectativas del consumidor en cada fase de descubrimiento del producto y las condiciones bajo las que se va a utilizar el producto. En el caso de las cremas hidratantes, el consumidor no considera que el aroma sea un factor decisivo para elegir una marca pero sí que puede ser en caso de que éste sea desagradable.* "

 

Recopilación de la obra "La perfumería" de Robert R. Calkin & J. Estepahn Jellinek

 

 


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